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viernes, 29 de noviembre de 2013

PRESENTACIÓN: "BAJO EL MANTO DE LA NOCHE ETERNA".

Tengo que agradecer el haber estado tan bien acompañada en ese día tan especial; la presentación de mi nueva novela. Como veis, a mi lado, estaban el alcalde de Valdepeñas, don Jesús Martín, y el concejal de cultura de Valdepeñas, don Manuel López. Dos amantes incondicionales de la cultura que no dudan en apoyar a los artistas valdepeñeros a darse a conocer.



Una vez más me hallo frente a la nueva criatura, esa que nació de mi para echar a volar, tan pronto, tan prematuramente, que a penas tengo tiempo de asimilar que cobrará vida una y mil veces en manos del lector que consiga atraparla en sus manos.

Cierro los ojos y en mi se conjuran los mejores deseos para aquello que partió de mi. Viajarán mis pensamientos, mis anhelos, mis miedos...viajará una parte de mi alma a lugares en los que nunca he estado, junto con personas a las que, probablemente, nunca conoceré.

Sonreiré cada vez que me sorprenda una noticia venida de quien se marchó un día de mi lado, sonreiré pensando en cómo le vi crecer y en los detalles que marcarán una personalidad ya imborrable.

Me dormiré cada noche pensando en qué nuevo universo me detendré al despertar, bajo que árbol milenario me sentaré a descansar, a quien conoceré al torcer la esquina o en qué aventuras me veré envuelta por no acostumbrarme jamás a dejar de soñar.

domingo, 10 de noviembre de 2013

PRIMER ANIVERSARIO



Hace un año que mi primera novela vio la luz. Hace un año que mi percepción del mundo cambió por completo. Una vida emocionante y repleta de maravillosas experiencias me ha invadido. Espero que esto sea el preludio de lo que ha de venir.....

Necesito contaros que AICUL Y EL REINO DE LA LUZ ha sido seleccionada por tres Institutos de Educación Secundaria para integrarse dentro de su plan de lectura, forma parte de la oferta de lectura juvenil en las bibliotecas públicas de las localidades de Valdepeñas y Membrilla, es finalista de la IV Edición de los Premios Atlantis bajo el género de literatura fantástica....
Como veis, estos han sido los primeros pasitos de mi obra...., los primeros pasos en su primer año de vida, una vida que se tornará eterna gracias a aquellos que deseen vivir conmigo esta aventura....
Ahora, la historia que comenzó hace tan solo un año, vuelve a renacer BAJO EL MANTO DE LA NOCHE ETERNA....

lunes, 23 de septiembre de 2013

SINOPSIS: "BAJO EL MANTO DE LA NOCHE ETERNA"



Sinopsis : “AICUL Y EL REINO DE LA LUZ. BAJO EL MANTO DE LA NOCHE ETERNA”

DE VICTORIA MAROTO BARROS.

Una joven reina enfrentada a su destino…mantener el equilibrio entre el bien y el mal…
Un rey oscuro que ansía un reinado eterno y un poder infinito….
….una caja misteriosa…
….una espada milenaria…
…un futuro incierto en el que nada es lo que parece y en el que nadie está a salvo de caer en un profundo y tenebroso abismo…
Estos y otros elementos tejen la trama de un misterio que arrastrará, sin remedio, a los personajes de ésta historia a vivir la más emocionante de las aventuras… pues… perdida en la oscuridad la luz se halla escondida…tan solo hay que saber encontrarla….bajo el manto de la noche eterna…

(Muy pronto, presentación y venta en librerías)







jueves, 12 de septiembre de 2013

AICUL Y EL REINO DE LA LUZ HA LLEGADO AL TEMPLO DEL SABER.

Además de en librerías, Corte Inglés, Amazón y Casa del Libro, podéis encontrar la novela de género fantástico juvenil AICUL Y EL REINO DE LA LUZ de Mª Victoria Maroto Barros en la Biblioteca Pública Municipal Ana de Castro de Valdepeñas. ¡NO OS LO PERDÁIS!

sábado, 17 de agosto de 2013

MAKTÚE...."BAJO EL MANTO DE LA NOCHE ETERNA" de Victoria Maroto



Maktúe, que hasta el momento había permanecido con los ojos en blanco, volvió en si bajo la atenta mirada de todos y cada uno de los moradores de su pequeño poblado. Bajo las estrellas, el fuego ardía intensamente. Vivos colores pintaban las llamaradas provocando ensoñaciones a quien se atreviese a mirarlas fijamente. 

Brebajes de procedencia desconocida llenaban decenas de cuencos de madera a los pies de Maktúe…sus palabras reclamaban la bendición de los espíritus pasados, presentes y futuros. 

Alrededor de la hoguera, el poblado al completo había sido espectador incondicional, como tantas otras noches mágicas, de los viajes de aquel pequeño pero poderoso hombrecillo.

Al volver en sí relató a su pueblo cómo el fantasma del futuro trataría a su amada tierra con el paso del tiempo. Él no tenía secretos para con su verdadera familia. Aterrados por los relatos escuchados se sintieron como un juguete del destino y pensaron en lo realmente afortunados que eran por estar en ese preciso momento y en ese preciso lugar, no sin sentir lástima por todos aquellos que habrían de venir después. 

La música de los tambores aún seguía sonando, el ritual no había llegado a su fin. El viejo chamán se levantó ayudado por su inseparable bastón. Con su mano izquierda cogió uno de los cuencos de madera y, de un trago, se bebió todo el líquido que este contenía. Se enjuagó la boca con el brebaje y prácticamente al instante lo escupió al fuego provocando que este se agitase con violencia. 

Los espíritus quedaron satisfechos y al son de los tambores las gentes de aquel lugar perdido en medio de ninguna parte agitaban sus cuerpos bajo una especie de danza que los sumía en los más profundos trances. Mientras tanto, Maktúe, se retiraba satisfecho y a paso lento para descansar bajo un manto estrellado. 

Tumbado sobre la tierra desnuda apoyaba su cabeza sobre una pequeña roca y aunque pueda parecer una manera muy poco cómoda de descansar él se sentía tan bien como pocas veces se había sentido. La caja volvería a él. Por fin recuperaría lo perdido.

viernes, 28 de junio de 2013

"BAJO EL MANTO DE LA NOCHE ETERNA"

"BAJO EL MANTO DE LA NOCHE ETERNA"
de Victoria Maroto. 
............
La tibia luz de alba rompía las sombras de la noche. Había poco tiempo, el día se acercaba y todo podría echarse a perder.
Ykiv era una joven venida de tierras lejanas, no nacida en Phunt, pero que en poco tiempo había ocupado un lugar relevante entre la comunidad mágica de la ciudad.
Ella tenía un secreto y una mirada que hipnotizaba a todo aquel que osase mirarla a los ojos.
No solía ir a verla, era peligroso, pero aquella noche no pudo evitarlo…debía acudir a su llamada.
Escondida bajo el suelo del santuario dedicado a los dioses se ubicaba. Nadie, excepto ella, podía percibirla. Y qué mejor sitio donde esconderla que en un lugar tan transitado, nadie hubiera pensado que bajo sus pies se encontraba aquella pieza de incalculable valor, dotada de alma propia, de un increíble poder…
Esa misma noche se despertó empapada en sudor, un sueño extraño, un mal presagio la arrancó precipitadamente de los brazos de Morfeo. La premonición era un don que ella tenía desde que recordaba y que le había acompañado toda su vida tanto para bien como para mal.
Hubo cosas que nunca hubiera deseado ver antes de tiempo….pero Ykiv sabía que una vez visto nada se podía hacer para evitarlo…el destino parecía estar escrito a fuego en las páginas de un libro invisible. Tantas veces lo intentó, tantas noches lloró sintiéndose impotente…hasta que se dio por vencida…lo único que le quedaba era aceptar las cosas tal y como venían y aprovechar cada segundo de su vida como si fuera el último, pues nunca fue capaz de cambiar ni una sola coma del futuro que se revelaba en su presente, ella, al menos, no fue capaz. 
Soñó con ella una noche de verano, despejada, mágica, de luna llena. La encontraría junto al arroyo cercano a su casa, semienterrada en el barro, bajo los primeros rayos del alba. En cuanto la tuvo entre sus manos supo que era un arma poderosa, supo que quien la empuñase libraría una gran batalla contra el mal del universo y que en su interior moraban cientos de almas malditas de procedencia oscura.
Ella sería su guardiana y protectora. Su misión era llevarla a un lugar seguro, allí debía reposar, escondida, hasta que fuese el momento de volver a ver la luz. Llegado ese instante sabría cuándo y a quien sería entregada.
Desde que la vio por primera vez, no transcurrió ni un solo segundo para Ykiv. Tenía dieciocho años y toda la vida por delante.
Marchó al día siguiente sin despedirse de nadie, al abrigo de la noche, con lo justo y necesario partió hacia donde le dictaba su propio instinto. Cientos de kilómetros separaban su casa de su destino, nunca había visto otra cosa que no fuese su poblado y sus alrededores, pero en el fondo sabía en qué dirección le guiaban sus pasos. Sin mapas ni ayuda alguna, después de varios meses de duro camino, llegó a Phunt oculta bajo el manto de la noche. Enterró su secreto bajo la atenta mirada de la luna y las estrellas, esperó a que las luces del alba anunciasen la llegada de un nuevo día y se presentó ante el rey Oravla. 
Solicitó que la llevarán ante el sabio soberano, pues había oído tan solo buenas palabras a cerca de aquel que llamaban el regente sabio, magnánimo y poderoso.
- Ante su divina presencia me hallo ofreciéndole lealtad eterna – expresó arrodillada ante el rey Oravla con la frente apoyada en el suelo.
Tras unos segundos en la misma posición alzó la mirada en dirección al rey. Sus ojos verdes, su bella juventud, su mirada hipnótica…no enmascaraban su poder, más allá de su aparente fragilidad, ella desprendía una energía arrolladora.
Con un gesto, el rey le indicó que debía levantarse y así lo hizo. 
- ¿Cuál es la razón por la cual compareces ante mí? – preguntó.
- Ser su más fiel súbdito – adujo -. Convertir su pueblo en el mío propio. 
- Desconozco quien eres y de dónde provienes – comenzó a explicar el rey – pero en ti veo la fuerza y la valentía de a quien se le tiene encomendada una gran misión. Phunt será desde hoy tu hogar y en él encontrarás la protección que necesitas.
Oravla supo en cuanto la vio que su destino era mágico y que era su deber no interponerse en los designios que el propio universo había interpuesto sobre aquella muchacha, sobre su pueblo y sobre él mismo. 
Ykiv, por su parte, con una reverencia, expresó su agradecimiento. 
No se hicieron más preguntas, ni se dieron más explicaciones.
Más de trescientos años pasó la guardiana al servicio de la magia como suma sacerdotisa de Phunt. Su juventud eterna era conocida de uno a otro confín, tan solo sus ojos, su mirada centenaria, la delataba….pero su secreto únicamente pertenecía a ella y a las estrellas.

....CONTINUARÁ......

martes, 25 de junio de 2013

"BAJO EL MANTO DE LA NOCHE ETERNA" de Victoria Maroto



“BAJO EL MANTO DE LA NOCHE ETERNA”
"AICUL Y EL REINO DE LA LUZ. PARTE II"
DE VICTORIA MAROTO
CAPÍTULO 1: LA BÚSQUEDA.

Dicen que aquellas personas que desde la más tierna infancia y juventud viven situaciones marcadas por el dolor y el sufrimiento son personas que maduran demasiado pronto, que, de forma inconsciente, les cubre una coraza que les ayuda a protegerse de aquello que les rodea y pueda hacerles daño….
A veces la vida arremete contra nosotros con fuerza, con tanta dureza que nos cuesta mantenernos en pie. Tan solo aquellos que mantienen los pies aferrados a la tierra son capaces de sortear los duros envites de la vida. No es fácil ver lo bueno de un charco de fango en el que te ahogas sin remedio alguno. Cerrar los ojos y dejar de mirar, dejar de sentir….., no es la solución. 
A pesar de todo…. puede que exista, por difícil que sea, una pequeña mota de arena, diferente, en la inmensidad del desierto. Perdida en la extensa noche, la luz se haya escondida, tan solo hay que encontrarla……








Atrás quedaba mi reino, muy lejos quedó mi amor, ya no estaba en casa, ya no me encontraba en un lugar seguro……, sola y sin saber qué iba hacer me adentraba en un mundo desconocido, desolado, muerto en vida, con la sola idea de encontrar a quien me dio la vida…., mi madre. Ella estaba en alguna parte… en aquel horrible lugar, oculta, después de tantos años, anclada en el tiempo bajo una poderosa magia que le obligaba a permanecer recluida. No sabía si la encontraría, ni en qué condiciones, la sola idea de no poder salvarle me angustiaba. Tan solo esperaba que no fuese demasiado tarde, tantos años sumida en aquel infierno podría haber tenido consecuencias irreparables en su corazón y en su alma.
Caminaba con dificultad sobre el suelo embarrado. Mis blancas ropas se ensuciaron rápidamente, los bajos del vestido se enganchaban con las ramas de los árboles podridos que me encontraba derribados a lo largo del camino. En todo momento debía mantener en alerta mis sentidos con el fin de detectar cualquier tipo de ente, mágico o no, que estuviese a mí alrededor… a pesar de que no parecía que ningún tipo de vida existiese ni cerca ni lejos de allí, al menos aparentemente, mis sentidos estaban revolucionados. Sabía que cientos, miles de ojos de seres de orden inferior me observaban, escudriñaban cada uno de mis movimientos…..,aparte de esto, nada más, por lo menos hasta aquel instante nada que debiera preocuparme llegaba a mis sentidos…..
Era el momento de intentar contactar con mi madre, no estaba dispuesta a permanecer más tiempo en aquel lugar infecto repleto de malas vibraciones. Era tan sumamente cargante que la sensación de malestar me embargaba, no podía permitir pasar ni un gramo de maldad en mi ser.
En medio de la nada más descorazonadora cerré los ojos y en mi mente la imagen inmóvil de mi madre serenaba mis miedos….jamás la había visto en persona, pero en mi recuerdo estaba su rostro gravado a fuego gracias al cuadro en el que estaba encerrada y a los retratos que mi abuela me enseñó. Cada una de sus facciones, gestos, sonrisas… conocía su cara a la perfección… busqué en mi interior la necesidad de encontrarla, el sentimiento de ausencia que me había estado persiguiendo durante tantos años, la ilusión de recuperar lo perdido…… y fue tan solo en cuestión de segundos cuando un inmenso poder me trasladó mentalmente a toda velocidad, a través de aquel paraje inhóspito y desolado, hasta una gruta perdida en medio de grandes montañas desnudas y oscuras. La imagen proyectada en mi mente fue breve, más bien fugaz, no llegué a verla físicamente, pero mi interior me decía que parte de su esencia se encontraba en el interior de aquella gruta. 
El ruido ensordecedor de cientos de aves con un increíble parecido a cuervos graznando me obligó a abrir los ojos apresuradamente. Claramente había llamado su atención al utilizar mi poder. Una nube negra en forma de espiral ascendente se elevaba sobre mi cabeza. Aquellos pájaros de plumaje negro luminoso reflejaron la escasa luz que un día encapotado podía tener. Sus inquietantes ojos rojos eran los mismos que me habían estado observando desde el mismo momento en el que llegué allí.
Tan solo habían estado esperando para atacar……
Se abalanzaron sobre mí……, cientos de ellos, totalmente enfurecidos, tenían un objetivo muy claro… yo.
Mis ojos se elevaron hacía el cielo gris, encendidos en azul, decididos, sin miedo……las palabras brotaron de mis labios….. SOAJELA Y DARAP. Estaban a tan solo unos centímetros de mí… tan cerca que casi se podía ver mi cara reflejada en sus ojos de rojo intenso y al igual que si toda aquella nube negra chocara contra un muro de duro e impenetrable granito pararon en seco. Los primeros en llegar quedaron prácticamente destrozados por el impacto cayendo ya inertes sobre el fango, el resto, simplemente, se alejaron hasta una distancia prudencial en la que, por supuesto, no me perdían de vista. Apoyados sobre las tristes y descompuestas ramas de los árboles, mis nuevos amigos ya no se molestaban en observarme ocultos desde las sombras, lo hacían abiertamente, amenazantes….
Aún no habían pasado ni dos minutos desde el ataque cuando una sombra negra pasó a toda velocidad tras de mí, lo sentí….., lo percibí, y a su paso un escalofrío recorrió cada centímetro de mi piel. Aquel ser ya no era un ente de orden inferior, aquel ser, fuese lo que fuese, sí que podría suponer un problema…..era demasiado poderoso, no tanto como yo, pero…a veces…. vale más la maña que la fuerza y yo debía ser prudente, pues era una joven inexperta con algo muy grande entre las manos, mientras que lo que me rondaba era tan antiguo como el tiempo….
Su esencia atravesó mi ser y vi sin necesidad de utilizar los ojos…. comencé a ver imágenes en mi cabeza, me trasladé a otro tiempo, a otro lugar…..comprendí que era un momento en el que el hombre y la tierra aún era uno solo, era un mundo donde con tan solo una mirada se expresaba todo un sentimiento, era un mundo mágico en el que el ser humano estaba en perfecta sincronía con la naturaleza…..
Me hallé en medio de una pequeña aldea de no más de quince o veinte chozas elaboradas de cañas y barro, situada en un paraje natural, rico tanto en fauna como en flora, digno de los sueños más idílicos. Sus habitantes discurrían de un lado para otro sin reparar en mi presencia, trabajando en sus labores del día a día. De entre sus gentes me llamó automáticamente la presencia de un joven apuesto que salió de una de las chozas portando un cesto lleno de frutos silvestres. Era alto, esbelto, de pelo castaño y ojos verdes. Había algo diferente en su mirar, su aura desprendía un gran poder, no era como el resto de moradores de aquella modesta y tranquila aldea……era sin duda, un ser mágico.
Caminaba acompasado y marcha ligera hacia donde yo estaba con la mirada puesta al frente hasta que llegó justo frente a mí….tan cerca que llegó a intimidarme. Su cara me decía que percibía mi presencia, ¿cómo podía ser?, en todo momento creí ser una mera espectadora de un hecho pasado, pero…¿cómo sería posible?… a no ser que…… aquel suceso estuviese ocurriendo en ese mismo instante o que yo en persona me hubiese trasladado a otro momento en el tiempo. Me moví hacia un lado para comprobar si podía verme y a pesar de que sus ojos no me seguían sabía que me sentía, él sabía que yo estaba allí. 
El cesto cayó al suelo dejando desperdigados en él todo su contenido, salió corriendo en todas direcciones gritando en un idioma perdido, un idioma ya muerto que comprendí al instante gracias a mi inmenso poder. Alertaba a sus vecinos de la llegada de un ser diabólico que los destruiría a todos…. No tardó mucho en cundir el pánico…hombres, mujeres, niños y ancianos huyeron inmediatamente del poblado sin llevarse nada más aparte de lo puesto. En menos de diez minutos me quedé completamente sola. No acababa de comprender por qué estaba en aquel lugar en ese preciso momento.
Entre extrañada y perpleja comencé a caminar entre las chozas intentando buscar respuestas pero no encontré nada más que humildes habitáculos con escasas posesiones. No tuve mucho tiempo de curiosear antes de darme cuenta de que ya no estaba sola….tras de mi esperaba inmóvil a que yo me girase. Me encontré con sus ojos verdes, con su imponente presencia, con su intimidante mirada. Aquello era totalmente surrealista, no comprendía nada….., pero me dejé llevar.
Hablamos en su idioma perdido y muerto.
- ¿Qué estás buscando?- me preguntó directamente.
- ¿Quién eres?- le contesté con un pregunta.
- He vivido muchas vidas, soy desde el comienzo de los tiempos, mi alma atormentada ha vagado de un lado para otro viviendo vidas que no le correspondían, ocupando cuerpos que no le pertenecían…..- me explicó.
- ¿Qué eres?- estaba confusa. Estaba cerca de mí y al mirarle sentí que era un ser muy poderoso, enigmático y ambiguo. No tenía claro si era hombre o mujer, si era bueno o malo ni qué buscaba al contactar conmigo. De igual manera mi instinto me invitaba a ser prudente, sabía que no podía fiarme de ello.
- ¿Qué estás buscando?- volvió a preguntarme algo molesto.
- Lo sabes perfectamente- afirmé.
- ……..- no contestó a mi afirmación.
- Sabes quién soy y a lo que vengo, la pregunta es ¿qué estás buscando tú?- fui contundente a pesar de que me estaba siendo prácticamente imposible saber qué estaba ocurriendo. Afortunadamente, ese ser no podía penetrar en mí y en mis pensamientos, yo era más fuerte. La cuestión estaba en jugar bien mis cartas, él tenía la experiencia de milenios de existencia y yo hacía cuestión de unas horas que había heredado mis poderes. 
- ……..- seguía sin contestar.
- ¿Qué quieres de mí?, ¿por qué me has traído hasta aquí?......
- Tan solo quiero que te quedes conmigo…….
- …….- le miré….lo único que vi fue la sombra de un ser atormentado y solitario……, por el momento no me dejaba ver más.
- Quédate conmigo…..- sus verdaderos deseos no tardaron en formularse.
- ……..- estaba esperando una respuesta a una pregunta muy clara ¿quién eres?
- Soy desde el principio de los tiempos, mi nombre es Divad, nací arrullado por los primeros latidos del universo, aleccionado por los primitivos pasos del bien y del mal…..desgraciadamente, la historia de mi existencia no está carente de cierta ironía pues, a pesar de la inmensidad que me rodea y me ha rodeado desde el comienzo de mí existencia, siempre he estado solo.
- ¿Estás atrapado aquí?....
- No hay barreras ni fronteras que detengan mi paso, estoy donde quiero estar en cada momento. Elegí este como mi hogar, como mi exilio, con la firme promesa de olvidar lo vivido al otro lado.
- No te entiendo…, si puedes elegir ¿qué haces aquí en este horrible lugar?
- …..es donde debo estar…..
- ¿Por qué?
- ………- no hubo respuesta a esta pregunta, le miraba a los ojos y en ellos seguía intuyendo a un ser extraño y ambiguo del que no tenía muy claro ni su género ni su condición moral. De igual modo supe que no debía confiar en él, ocultaba algo que no era capaz de descifrar.
- Tengo que marcharme, mi madre me espera- le dije
- Tu madre hace tiempo que dejó de ser lo que era… este lugar corrompe, destruye…. Se rindió.
- ¿Has visto a mi madre?, ¿la conoces?, ¿sabes dónde puedo encontrarla?...- por un instante me entusiasmé al pensar que la posibilidad de poder salvar a mi madre estaba más próxima. 
- La conocí…
- No te entiendo…mi madre sigue viva, puedo sentirlo. Sé que está aquí. 
- Como te he dicho, ya nada se puede hacer por ella. 
- Eso ya lo veremos…- añadí con desdén. Era evidente que Divad no estaba dispuesto a ayudarme, más bien todo lo contrario. 
- Serás mía, ya nunca más estaré solo….. tan solo tú estás a mi altura.
- ¿Pero qué estás diciendo?...
- Serás mi compañera.
- Adiós….mi lugar no está aquí y tampoco el suyo – empezaba a violentarme, su voz, sus gestos mostraban a un ser posesivo cuyo único interés era retenerme a su lado contra mi voluntad. 
- Como bien has mencionado…..eso ya lo veremos- sus ojos verdes se clavaron en los míos, era caprichoso y testarudo, no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer.
Sin mediar una sola palabra más deseé marcharme de la ensoñación de un ser lunático y al momento, la aldea, el muchacho de ojos verdes y el paisaje idílico desaparecieron dejando paso de nuevo a la desolación.
Tras de mí Divad seguía acechándome bajo la forma de una sombra oscura y amorfa flotando en el aire.
- ¿Sigues ahí?- le pregunté
- ……..- no me contestó, ni a esa ni a otras muchas preguntas que le hice sobre ella. Cuando me cansé de hablar sola proseguí con mi camino. Muy de cerca me seguía la sombra. Le dejé que lo hiciese, me convenía tenerle cerca para así poder estudiarlo, analizarlo, descubrir el hueco por el que poder entrar y así descubrir su secreto.
Nada había cambiado a mi vuelta. El mismo suelo embarrado, los mismos árboles podridos, los mismos ojos observándome muy de cerca….
Lancé una mirada desafiante a los pequeños seres alados, con ella, les dejé claro que esperaba no volver a tener ningún altercado más o acabaría con ellos. Mi aviso tuvo respuesta, aunque no la que esperaba, pues comenzaron a graznar enloquecidos, batiendo las alas sin moverse del sitio, parecía que mi amenaza más que amedrentar exaltó a aquellos malditos bichos.
En medio de tanto revuelo formule mi deseo en palabras cargadas de magia y con el anhelo de encontrarla sana y salva.
“ADIV AL A SAREVLOV Y IT A ÉREVLOV, ANITSEDERP Y ENU SON ADIV AL ED AZREUF AL”
En tan solo un parpadeo llegué a la entrada de la gruta en la que, supuestamente, estaba ella. Avancé con precaución, al mismo tiempo, analizaba exhaustivamente a mi curioso compañero de viaje. Mis sentidos estaban trabajando a marchas forzadas. Poco a poco iba descubriendo cosas de mi repentino anejo.
Seguía sin dirigirme la palabra desde nuestro primer encuentro, pero en cierto modo me estaba diciendo tanto….noté que se sentía muy bien a mi lado. Pude ver pequeños retales de vidas pasadas, tristes vidas inundadas por la sensación eterna de la pérdida. Amar y perder, nacer y nunca morir. Estaba cansado de existir, me compadecí de su dolor y de alguna manera entendí que me necesitase tanto, para él yo era la última oportunidad de ser feliz. Podía suponer un punto y aparte, un punto y final de una historia interminable. Vi momentos alegres, tristes, inolvidables, amores, hijos, ilusiones, desilusiones, pérdidas…innumerables pérdidas, tantas que ya era imposible de soportar. En lo últimos años, tan solo soledad, ya había sido suficiente, ya no estaba dispuesto a sufrir más. Él mismo se aisló donde nada ni nadie existiese, hasta llegar al punto de olvidarse de quién era. Se prometió no dejarse llevar nunca más, su voluntad se rindió……..hasta que llegó mi madre.
La vi……la vi en el interior de Divad…..era un recuerdo, sin duda correspondía al momento en el que fue apresada y encerrada en aquel lugar por Niac. Las imágenes se amontonaban en mi mente, eran inconexas, confusas, pero no había duda, era ella….en el mismo lugar donde yo aparecí, observando el mismo paisaje….desolada, lamentándose por haberse dejado engañar, por haberse dejado atrapar. Lloraba, su corazón se rompía en mil pedazos. Tras de sí dejaba un reino, su amor, sus hijos, su vida entera y desde allí, todo estaba perdido, nada podía hacer. Cayó de rodillas al suelo embarrado…..no tenía consuelo….mientras tanto, oculto en las sombras él la observaba. Su isla desierta había sido ocupada por alguien desconocido, tuvo miedo de acercarse, hacía tanto tiempo que no tenía contacto con ningún ser vivo….la soledad era ya su modo de existir. Percibió que era un ser mágico y ello le devolvió la esperanza ¿sería ella quien le salvase? A pesar de que se prometió no volver a sufrir más…en el fondo, deseaba con todo su ser no sentirse tan solo, deseaba amar y ser amado. Aunque esta vez para siempre, esta vez no quería perder, no deseaba decir adiós. 
Al principio tan solo analizó concienzudamente su interior, necesitaba saber quién era, cuál era su historia, de dónde provenía aquella joven desconocida. Por su parte, mi madre estaba tan ensimismada en su dolor que no detectó presencia alguna, estaba muy ocupada llorando y lanzando al aire un conjuro tras otro con el fin de salir de su cárcel sin rejas pero nada de lo que hiciese tendría resultado, fue tan inútil como intentar que la tierra dejase de girar sobre sí misma.
No tardó en saber que su corazón y su alma pertenecían a otra persona, que era una protectora de la luz, la reina de ALEV OTORAM y cuál era la razón por la que había llegado a su mundo…nos vio a mi hermano y a mí, supo que yo sería el ser más poderoso del universo, hasta él llegó la energía que crecía dentro de mi ser y no tuvo dudas, yo acapararía un gran poder……una idea le abordó al momento, un planteamiento que taladró mi sensibilidad dejándome tocada. Pensó en mi cada segundo, cada minuto de su vida anhelando nuestro encuentro. En su propósito, un plan macabro se estaba gestando.
Día a tras día la estuvo siguiendo, debilitándola a cada paso, minando su voluntad hasta acabar con su fortaleza, fue destruyéndola lentamente con el único objetivo de que no volviese a salir de allí jamás. En teoría, cuando mi abuelo fue derrotado por Ylay ya no debería haber existido ningún motivo que la retuviese allí…… pero, Divad no podía permitir que nada interfiriese en su plan, daba igual lo que ocurriese en el exterior…..en el fondo sabía que tarde o temprano yo iría a buscarla.
Dejó su cuerpo en una fría gruta, sobre una losa de piedra y al igual que mi padre, mi madre, quedó sumida en un sueño eterno. Sus almas vagarían eternamente en un abismo del que no podrían salir……en ese preciso instante lo comprendí……las almas gemelas, en perfecta sincronía, permanecerán dormidas a la espera de volver a encontrarse.
- Muéstrate….- le ordené, enfadada- ¿cuál es tu verdadera apariencia?.....muestra té, yo te lo ordeno- repetí hasta la saciedad.
- No tengo cuerpo, apariencia, ni forma…soy un alma etérea que, al igual que los parásitos, va buscando su hogar en cuerpos ajenos, simples cuerpos que poder ocupar. Por mí mismo, tan solo soy capaz de crear meras ilusiones- me contestó una voz potente que provenía de la sombra que me acompañaba- si tú quieres, puedo mostrarme como alguien que ya conoces…..
La sombra se transformó en el muchacho de ojos verdes.
- ¿Por qué?- le pregunté.
- Por ti….., tú me salvarás…
- …….- estaba conmocionada, no podía hablar.
- Tenía que estar seguro de que llegases a mí. En mi mente has estado a mi lado, te esperaré hasta que estés preparada. Sé que eres tú, no puede haber más que tú, eres única en todo el universo.
- Eso jamás va a ocurrir y lo sabes.
- No dejaré que te vayas.
- Soy más fuerte que tú.
- Eres joven e inexperta, mientras que yo estoy hecho de las arenas del tiempo, para cuando aprendas a controlar lo que tienes entre manos….ya serás mía.- se mostraba tan seguro.
- No te atrevas a subestimarme.
- No tengo intención de hacerlo.
Sus ojos me miraban como si me conocieran desde siempre, su sonrisa decía que se alegraba de haberme encontrado, temblaba ante mi presencia y aunque aquel ser había confundido el amor con la atrocidad…..sentí lástima por él.
- Puedo ser lo tú quieras, descubrirte un mundo lleno de magia…..te ofrezco mi alma entera, todo mi ser. Tan solo tú me salvarás de una existencia marcada por la soledad. Podemos hacernos muy felices.
- Mi corazón ya tiene dueño. Lo siento pero no puedo cumplir tus expectativas……
- No me daré por vencido….tengo toda la eternidad para conquistarte.
Alargó su mano y con un simple movimiento de muñeca volvimos a donde nos conocimos.
- ¿Te gusta?....este fue el momento y el lugar en el que fui más feliz…..ahora tan solo es una imagen irreal de un recuerdo perdido. Te puedo enseñar todo lo que mis ojos han visto……
Le miraba en silencio sin saber qué decir….es tan difícil matar las ilusiones de quien te mira con otros ojos….
Se esforzaba por contentarme y sabía que lo seguiría haciéndolo a toda costa.
- Si es cierto que me quieres….déjame marchar. No puedes obligarme a que te ame, el amor es libre y tú me estas negando esa libertad.
Su cara cambió por completo……
- ¡Es que no entiendes que sin ti no soy nada!- me gritó. 
- Puedo ayudarte, puedo ser tu amiga…nada más.
- Cambiarás….cuando me sientas, cuando me entiendas…cambiaras de idea.
Desapareció el muchacho de ojos verdes y el paraíso donde fue feliz.
De nuevo estaba frente a la gruta, aunque sin sombras tras de mí. Estaba enfadado conmigo, ahora volvía a observarme desde lejos. Me había estado esperando durante años, había hecho lo innombrable, para él el fin justificaba los medios y el hecho de que no reaccionase como esperaba desmoronaba todos los castillos que se había construido en el aire.
Dirigí mi atención a otra cuestión….mi madre me esperaba, estaba dentro de la gruta. No debía dejarle ganar posiciones.
Entré en la cueva. El suelo de roca negra era resbaladizo, húmedo. Desde mi posición se intuía una larga y amplia galería, pero estaba tan oscuro que no se veía nada. La solución nacería de la palma de mi mano. Una pequeña esfera luminosa nacía y crecía. Alcé el brazo y la empujé hasta el techo de la galería iluminándome así el camino. Según andaba, la esfera luminosa me acompañaba. 
Caminé unos cinco minutos, no estaba lejos, la sentía cada vez más cerca. Al final de la galería se abría una enorme caverna. Era majestuosa, colosal, la capilla sixtina de la antigüedad elaborada milímetro a milímetro a lo largo de cientos, miles de años. Estalactitas de todos los tamaños y colores coronaban la estancia gracias a los minerales y a la acción del agua.
En el centro, había una losa y sobre la losa su cuerpo inerte. Como una bella estatua permanecía tumbada, boca arriba, con las manos entrelazadas sobre su pecho. Protegida por un escudo invisible, su cuerpo no sufría las inclemencias de aquel intempestivo lugar. La humedad, los insectos, el frío no la afectaban. Su cara y su cuerpo no habían cambiado en absoluto, eran tal y como los recordaba. A diferencia de mi padre, ella no estaba demacrada o deteriorada. A pesar de su plan descabellado, Divad cuidó de mi madre. La cuidó como si fuese una bella muñequita tras el cristal de una vitrina.
Me acerqué hasta la losa. Sentí la energía electrizante del escudo que envolvía su figura inmóvil. 
- ¿Dónde estás mamá?- pregunté a un cuerpo vacío, pero vivo.
Su alma, su esencia estaba allí, no podía salir. Vagaba sin remedio en un mundo aparte, un lugar fuera de toda lógica, una tierra donde el mal reinaba entre alimañas, seres infectos, toneladas de lodo y árboles podridos…..vagaba buscando algo que ni ella misma sabía, sumida en un laberinto de emociones, sensaciones confusas, no era capaz de volver. Divad se había asegurado a conciencia de que eso no pasara.
Respiré hondo y a plena voz pregunté:
- ¿SATSE EDNOD?.
Cada una de las piedras que levantaban aquella gruta temblaron ante mi llamada.
- IM A EVLEUV, OTNEIV LE NE EMETNEIS- no cesé en mi propósito.
Al igual que miles de millones de gotas de agua, mi requerimiento inundó todos y cada uno de los rincones de ese mundo inmundo.
- ¡No!- su voz profunda e irritada dejaba ver su enfado- ¡no conseguirás lo que andas buscando, no te iras de mi lado!
Una fuerza sobrenatural me arrastró hacía la salida de la gruta. En volandas, en menos de cinco segundos, estaba fuera y una vez allí Divad selló la entrada con algo más fuerte que una enorme montaña. Un escudo mágico impedía el acceso de nuevo al interior de la cueva.
- Ríndete, conseguiré entrar. Tarde o temprano lograré dominar mis poderes y ya no serás rival para mí. Lo sabes, es inútil que te resistas…no permitas que esto acabe así. Puedo ayudarte a ser feliz…tan solo tienes que dejarme.
- Ya sabes lo que me haría feliz.
- No me pidas lo que no puedo darte.
- ……tu madre y tú seréis tan desgraciadas como yo…
No se dejó ver, tan solo su voz retumbaba a mi alrededor.
- He puesto todo de mi parte para no tener que enfrentarnos. A pesar de lo que nos has hecho estaba dispuesta a perdonar y ofrecerte mi mano….no creas que voy a dejar que hagas de mí otra muñequita dentro de su vitrina,…..no soy propiedad de nadie. Tan solo yo puedo elegir.
- ……..- no me contestó en palabras, pero si con hechos…el cielo se oscureció aún más si cabe…era una noche sin luna y sin estrellas, apenas se veía nada. Sus emociones, sus sentimientos, una profunda tristeza se reflejaba en el ambiente.
Yo tenía tanto poder como miedo a equivocarme. No pude evitar que el recuerdo de Antonia acudiese a mi mente. Me hacía tanta falta, me sentía tan perdida. Seguro que ella sabría qué hacer. Nadie jamás me ha dado tan buenos consejos. Por muy mal que yo estuviese tenía la increíble capacidad de saber consolarme. Tan solo ella me entendía a la perfección……
Sin duda alguna, lo que sí que haría sería reñirme. No podía permitirme ningún momento de fragilidad, de flaqueza,….y el problema es que estaba inmersa en una montaña rusa de emociones. Tan pronto me sentía poderosa y con ganas de afrontar todo los obstáculos que se presentasen como me sumía en la más absoluta tristeza y me creía incapaz de seguir adelante….era agotador, el efecto de una enloquecida montaña rusa era agotador.
De haber podido me habría recordado que no era una adolescente normal con los problemas típicos e inherentes a este momento de la vida, también era la reina de ALEV OTORAM, la máxima representante de las protectoras del bien en el universo y que sobre mí recaía un gran poder y, por ende, una gran responsabilidad.
Pasé algún tiempo ensimismada en mis pensamientos, a salvo dentro de mí misma….anclada en mis recuerdos…..tan solo un milagro podría salvarme. La tristeza penetraba bajo la piel, había dejado una pequeña brecha abierta en el alma, había bajado la guardia. Atravesar la oscuridad tiene sus consecuencias. 
Un ligero hormigueo al principio….una brisa de aire renovado después. Ella había oído mi llamada, me había sentido a través de las tinieblas. Tan solo mi madre podía cogerme de la mano y hacerme sentir ganas de luchar de nuevo. 
Su esencia, su alma, todo su ser traspasó mi interior…….estaba perdida…..acudió a mi requerimiento, pero, por desgracia, no entendía por qué. Tan solo sentía que debía hacerlo, era algo que tenía qué hacer. 
Vi su interior con toda claridad…..no me reconoció en ningún momento, ni siquiera sabía quién era ella misma. Había transcurrido demasiado tiempo, perdida, lejos de sus recuerdos, lejos de la realidad. Llegó a pensar que ese era el lugar donde debía estar. Dejó de cuestionarse nada más allá de lo que tenía a su alcance, nada más allá de lo que vivía en su día a día. Se había perdido en el abismo del olvido.
Daba vueltas a mi alrededor, me observaba, jugaba conmigo….se sentía bien.
Cada vez que su alma atravesaba la mía propia curaba mi tristeza, mis miedos, años de soledad ocasionados por su ausencia…por un momento fui una niña pequeña jugando con su madre.
Divad no tardó en entrar en escena. Notaba que volvía a tener el valor y las fuerzas necesarias para llegar a lograr el objetivo que me había llevado hasta allí.
Se colocó a mi lado bajo la forma del muchacho de ojos verdes, extendió su mano a la altura de mi cabeza y conjuró en palabras de un lenguaje perdido un hechizo que permitiese abrir de nuevo la brecha que diera paso a la oscuridad en mí.
Le miré sin sobresaltos. Con rostro sereno e impertérrito contesté:
- RES IM ED AZELATROF AL AREPMOR ON OIRANELIM REDOP UT, IM NE AYAH ES ORETNE OSREVINU LE.
Sus ojos se abrieron sorprendidos, no tenía nada qué hacer. Había superado uno de los obstáculos más importantes…..la confianza en mí misma....al menos por el momento.
- EVLEUV. ROCNER ODRAUG ET ON, RIERNOS OIV ET EUQ RAGUL LA EVLEUV.
Lentamente su imagen se fue desvaneciendo. Podría volver a ese lugar, esta vez de verdad, no sería una mera ilusión, volvería al mismo tiempo, al mismo lugar en el que fue feliz, reviviría ese preciso instante para siempre. Nunca más volvería a estar solo, nunca más volvería a perder…
Antes de desaparecer por completo me miró, sabía cuál era su destino, me dedicó una enorme sonrisa y se despidió de mi con tan solo una palabra….. GRACIAS.
- Y ahora tu…mamá. Tenemos que salir de aquí cuanto antes.
Su esencia y yo nos trasladamos allá donde yacía su cuerpo…..habían estado tanto tiempo lejos el uno del otro…..tanto que ya no se sentían, tanto que ya no se reconocían…..
Divad ya no estaba y eso se hizo patente cuando la barrera de protección que cubría el cuerpo de mi madre desapareció. Al instante su cara, su cuerpo, sus cabellos comenzaron a mojarse tímidamente gracias a las gotitas de agua que caían del techo de la gruta. Ya no estaba aislada de las inclemencias del ambiente pútrido.
- NAREPSE ET NAMA ET SENEIUQ, ETSIUF AÍD NU EUQ OL RES A EVLEUV OTELPMOC ONU RES A EVLEUV, EVLEUV.- pronuncié a plena voz levantando los brazos en cruz.
Su esencia se colocó sobre su cuerpo invitado por mis palabras y allí permaneció inmóvil sobre él. 
Percibía las sensaciones…..no se reconocía a sí misma, parecía estar observando a una extraña. 
Me acerqué a su oído, necesitaba decirle algo.
- Hola mamá…., soy yo, Lucía- estaba profundamente emocionada, estaba tan cerca pero tan lejos de ella…mis ojos se empañaron sin remedio- ….el odio y las ansias de poder de Niac truncaron nuestras vidas hasta tal punto que ninguno de nosotros volveremos a ser los mismos….nos han robado toda una vida juntos….tu amor, tu cariño, dormirme en tu regazo, abrazarte para no tener miedo a la oscuridad…..mamá…..regresa a mi lado…..te necesito….Jorge te necesita……recuerda…, regresa en el tiempo, al momento en el que lo tenías todo y siente la necesidad de recuperarlo.- la palabras se entrecortaban, me veía tan impotente…si ella no accedía, daba igual lo que yo hiciese, no podría volver.
Sequé mis lágrimas con su vestido blanco, mi cabeza apoyada sobre ella parecía no querer alejarse de su lado. 
Llegaba el momento, no podía demorar más mi permanencia en aquel lugar…..aquello no parecía tener solución y no podía quedarme eternamente. Debía marcharme, tenía que dejarla allí….con todo el dolor de mi alma, pero mi reino me necesitaba. Mi hermano podría atacar en cualquier momento e Ylay no podría enfrentarse solo a él….Ylay…..mi querido Ylay…..le echaba tanto de menos….le necesitaba tanto…..mi amor….
Esperé y esperé sin recibir respuesta, seguía sin reconocerse, seguía sin recordar.
Me puse en pie. No podía seguir esperando.
Con los ojos aun hinchados le dediqué unas palabras antes de la despedida.
- Te esperaré al otro lado. Cuando estés preparada darás el paso que tienes que dar. Ya no hay motivos que te retengan aquí. Tan solo tienes que seguir adelante. Este no es tu sitio- me volví a inclinar sobre ella, le di un beso en la mejilla- hasta pronto, mamá.
Con un golpe de muñeca volví a restaurar la barrera de protección que le aislaría de todo aquello que pudiese erosionar su cuerpo, pero con una diferencia….la nueva barrera no le impediría rencontrarse con su cuerpo, regenerarse y salir de allí…ahora tan solo dependía de ella.
- ÓZNEMOC ODOT EDNOD ÉREVLOV Y SOSAP SIM ÉRAHSED- cerré los ojos con la imagen de mi madre grabada en la retina y al abrirlos me encontré allá donde comencé esta aventura…..en el despacho de mi abuelo y las llaves separadas en ambas manos.

....CONTINUARÁ....





sábado, 22 de junio de 2013

PRESENTACIONES DE LA NOVELA: AICUL Y EL REINO DE LA LUZ

Fantástico recibimiento en la presentación de la novela AICUL Y EL REINO DE LA LUZ el pasado 21 de junio en el Museo López Villaseñor de Ciudad Real.





Y, por supuesto, no podría olvidar la experiencia de presentar mi novela en la biblioteca Pública de Toledo. 


Mil gracias a todos. 


viernes, 14 de junio de 2013

AICUL Y EL REINO DE LA LUZ. PARTE II. BAJO EL MANTO DE LA NOCHE ETERNA.

Me complace comunicaros que ya está finalizada la segunda entrega de la Trilogía de la luz y la oscuridad.....su nombre, BAJO EL MANTO DE LA NOCHE ETERNA, nos deja entrever un sin fin de adversidades, un sin fin de nuevas aventuras, un sin fin de nuevas sorpresas que nos mantendrán constantemente alerta, viviendo, junto a su protagonista, una nueva historia de la que no podremos escapar. A continuación las primeras palabras de BAJO EL MANTO DE LA NOCHE ETERNA....


“AICUL Y EL REINO DE LA LUZ” .PARTE II.
“BAJO EL MANTO DE LA NOCHE ETERNA”
De Victoria Maroto Barros
CAPÍTULO 1: LA BÚSQUEDA.

Dicen que aquellas personas que desde la más tierna infancia y juventud viven situaciones marcadas por el dolor y el sufrimiento son personas que maduran demasiado pronto, que, de forma inconsciente, les cubre una coraza que les ayuda a protegerse de aquello que les rodea y pueda hacerles daño….
A veces la vida arremete contra nosotros con fuerza, con tanta dureza que nos cuesta mantenernos en pie. Tan solo aquellos que mantienen los pies aferrados a la tierra son capaces de sortear los duros envites de la vida. No es fácil ver lo bueno de un charco de fango en el que te ahogas sin remedio alguno. Cerrar los ojos y dejar de mirar, dejar de sentir….., no es la solución.
A pesar de todo…. puede que exista, por difícil que sea, una pequeña mota de arena, diferente, en la inmensidad del desierto. Perdida en la extensa noche, la luz se haya escondida, tan solo hay que encontrarla……

.....CONTINUARÁ....

domingo, 12 de mayo de 2013

CAPÍTULO 3. AICUL Y EL REINO DE LA LUZ.


Capítulo 3
Un plan descabellado
A la mañana siguiente comencé a llevar a cabo el plan desde las primeras horas del día. Había estado lamentándome por los rincones de la casa, tenía que hacerme notar y dejar claro cuánto me dolía el estómago y lo mareada que estaba. Lo de mi estado de salud tenía que quedar bastante claro. Una vez hecho el papelón, tata Antonia me dio un vaso con el vómito falso y se marchó en dirección al cuarto de la limpieza, en cuanto se marchó eché el regalito en la maravillosa alfombra persa que había en el salón principal frente a la chimenea que estaba franqueada por unos enormes y confortables sillones de piel marrón oscuro. Me dio hasta pena, con lo bonita que era. Después de aquel crimen contra el arte y la higiene me escondí cerca del cuarto de limpieza a esperar a que la tata saliese con la señora de la limpieza en dirección al salón.
—Buenos días, señora Josefa—. Así se llamaba ella.
Era una señora de unos cincuenta años, aunque aparentaba algunos más, bajita, regordeta, con el pelo corto y teñido de un rubio platino que, por cierto, no le quedaba nada bien, que siempre iba pulcramente aseada, uniformada con el vestido clásico de las empleadas del hogar de familias de alto poder adquisitivo, es decir, de color negro con puntillas de encaje blanco en puños y cuello, cofia incluida. Como algo indispensable, debía ir sin maquillar, sin pendientes o cualquier tipo de abalorio o adorno superfluo, todo ello por expreso deseo del ama de llaves. Lo que nunca entenderé es que si el ama de llaves la obligaba a ir tan correcta, tan pulcra, ¿cómo era posible que le dejara tener un color de pelo tan horrible?
—Necesito de sus servicios de limpieza —dijo mi tata—. La señorita Lucía está algo indispuesta y ha vomitado en la alfombra favorita del señor. Hay que limpiarlo inmediatamente, el señor no puede ver lo que ha ocurrido —le ordenó con cierta autoridad.
—Lo siento, pero eso no va a ser posible —contestó tajantemente Josefa—. Tengo que cumplir con los horarios establecidos por el ama de llaves, usted sabe perfectamente que no puedo saltarme sus órdenes. Y ahora, no me entretenga más que tengo cosas que hacer— la señora de la limpieza le cortó de raíz, ya sabía yo que no iba a resultar tan fácil—. Por cierto…, tú eres la encargada de cuidar a la señorita Lucía, límpialo tú.
Desde mi escondite estaba escuchando toda la conversación. Empecé a ponerme nerviosa, creía que no lo íbamos a conseguir. Tata Antonia, ante la negativa de Josefa se puso frente a ella y con más contundencia y sin titubear le dijo:
—Perdona, a mí no me pagan por limpiar, por lo que yo sé, ese es tu trabajo. Si así lo quieres informaré yo misma al ama de llaves… O mejor aún, le diré al señor lo ocurrido y le haré saber que usted se ha negado a hacer su trabajo— al acabar de decir aquello tata Antonia se dio la vuelta y fue en dirección a la puerta pensando que no lo había conseguido. Pero justo cuando cruzaba el umbral de la puerta para salir del cuarto de limpieza pasó algo inesperado.
—¡Espera!, está bien, pero tú me ayudarás para ir más rápido, tengo que llegar al despacho antes que el ama de llaves.
—No estoy de acuerdo, pero está bien, te ayudaré —le dijo respirando aliviada. Para disimular acabó haciéndose la remolona por tener que ayudarla a limpiar.
—Vamos, rápido, no te duermas en los laureles. ¡Lo que me faltaba!, como por su culpa tenga problemas con el ama de llaves se va a enterar de quién soy yo —dijo la señora Josefa con evidente enfado al mismo tiempo que seguía murmurando malhumorada de camino al salón.
Ambas se marcharon en dirección al salón principal. Ese era el momento. Entré, cogí las llaves, fui a por el libro y la llave que previamente habíamos escondido en un armario del pasillo
próximo al despacho de mi padre, rápidamente volví a colocarlos en su sitio, en el compartimento secreto bajo el escritorio. Salí del despacho, cerré la puerta con llave y al darme la vuelta tuve un presentimiento, más que un presentimiento era la certeza de que una fuerza maligna se acercaba a mí, esa sensación angustiante hizo que se me revolviera el estómago, pero esta vez de verdad.
Ciertamente era la primera vez que tenía semejante sensación. Mis sentidos se agudizaban, otro poder se daba a conocer, un poder desconocido. El ama de llaves estaba acercándose a toda prisa, lo único que pude hacer fue subir a toda velocidad por las escaleras de servicio en dirección al primer piso.
Sentí miedo, he de reconocerlo, no hubiera sido capaz de enfrentarme a ella. Por desgracia, no me dio tiempo de llegar al cuarto de limpieza y dejar las llaves en su sitio antes de salir huyendo, en el fondo todo aquello me dio mala espina desde un principio, mi interior me decía que no iba a salir bien.
El ama de llaves, una señora de aspecto horrible, de unos sesenta años, coronada por el mismo moño día tras día, de gesto frío que helaría al mismísimo infierno, tenía el pelo negro y era tan pálida que en muchas ocasiones pensé que era un fantasma que venía del más allá para hacernos la vida imposible. Sus ojos negros, sus cejas perfiladas, su nariz aguileña, su impecable vestido negro, ya sin abrir la boca daba miedo. Se llamaba Encarnación. Sí, era la encarnación: la encarnación del mal. El nombre le quedaba bien.
Encarnación, o doña Encarnación para los amigos, llegó a la puerta del despacho como cada día para inspeccionar el trabajo de la señora de la limpieza y, por supuesto, recuperar sus llaves, como no. Mientras tanto, yo estaba esperando en el rellano del primer piso escuchando todo lo que pasaba abajo.
Intentó abrir la puerta pensando que Josefa estaría dentro. Su sorpresa fue mayúscula cuando la puerta no se abrió.
—Esto no es posible. ¡¡¿Dónde está, Josefa?!! —chilló muy enfadada. Aquel grito me sobrecogió el alma.
Encarnación, como una bala y con los ojos que se le salían de las órbitas, fue en dirección al cuarto de limpieza y lo que vio le gustó aún menos. No estaban ni Josefa ni sus preciosas llaves.
—¡¡¡¿¿¿Dónde están mis llaves???!!!—. La ira salía a borbotones de sus labios.
Enfurecida empezó a buscar a Josefa como un perro rabioso buscando algo para llevarse a la boca. Examinó habitación por habitación, lo cual me sirvió para bajar las escaleras, ir a la taquilla y dejar las llaves. Sabía que ella no pararía hasta descubrir lo que estaba pasando y no creí en ningún momento que se quedaría tranquila con el simple hecho de que apareciese lo que andaba buscando. Al colocarlas en su sitio oí gritos que provenían del salón principal. Fui para ver qué ocurría. Si mi tata estaba en apuros ahí tenía que estar yo para echarle una mano. Llegué al salón, me coloqué tras mi tata y la cogí de la mano.
—Parece que se encuentra usted mejor, señorita —me dijo el ama de llaves con sorna.
—Sí, un poco —contesté algo apocada—. Supongo que después de vomitar el cuerpo se me ha aliviado bastante.
—Ya lo veo…
Se giró hacia la señora de la limpieza y fue entonces cuando empezaron los fuegos artificiales.


—¡¿Se puede saber qué haces aquí?!, ¡¿acaso mis órdenes no han sido claras?!, ¡en esta casa se hace lo que yo diga y cuando yo lo diga!, ¡y si pongo unos horarios y unas normas se hacen y punto!—. Los gritos del ama de llaves hacia la señora de la limpieza fueron escuchados por todo aquel que estuviera en la casa o cerca de ella.
—Señora, como ya le he dicho, he tenido que atender una urgencia… —replicó Josefa atemorizada.
—¡¿Qué urgencia es tan importante como para desobedecerme?! —le preguntó acercándose a ella como una loca a punto de matar a quien le llevase la contraria, quedándose a tan solo un palmo de ella.
—La señorita Lucía estaba algo indispuesta y ha vomitado en la alfombra persa del señor y Antonia me ha pedido que la limpiase…, no quería que el señor se disgustase…—. A medida que iba hablando su voz era cada vez más tenue y temblorosa.
—Antonia… —dijo Encarnación con aires de superioridad—, Josefa tiene unas obligaciones que cumplir, obligaciones en las que tú has interferido y yo me pregunto ¿por qué?
—Señora —dijo Antonia sin apartar sus ojos de los de la bruja, no estaba dispuesta a que el monstruo la intimidase—, soy la encargada de cuidar a la señorita Lucía, no soy quien limpia la porquería, para eso está el servicio.
—Ciertamente, eres tú la que tienes que encargarte de la señorita Lucía, con todo lo que ello conlleva, sea lo que sea. ¿Es que no te ha quedado claro con la cantidad de años que llevas aquí? Tú no eres quién para hacer que una orden mía no se cumpla. Da igual lo que pase, que nieve o truene, un huracán o que un tifón arrase cuanto nos rodea, nunca, jamás se desobedecen mis órdenes. No tientes a la suerte, Antonia, estás en mi punto de mira, no sé por qué, pero nunca me he fiado de ti.
—Josefa —dijo doña Encarnación volviéndose entonces hacia la pobre señora de la limpieza—, dame mis llaves de inmediato. Recoge tus cosas…, estás despedida.
—Pero señora... yo… yo no he hecho nada malo… soy una buena empleada, solo he cumplido ordenes. Llevo años trabajando para ustedes y siempre he sido muy correcta, soy una buena empleada, no merezco quedarme sin trabajo por culpa de otra persona —contestó nerviosa y a punto de llorar.
—Incorrecto, las únicas ordenes que tenías que cumplir eran las mías. Cosa que no has hecho. Deme las llaves, y márchese. Jamás doy segundas oportunidades.
—Señora…, yo no tengo las llaves. Aún no las he recogido de la taquilla…, al incorporarme a mi puesto de trabajo lo primero que he hecho es venir a limpiar la alfombra.
—¡¡¡¡¡¿Cómo?!!!!! Acabo de venir de allí y las llaves no estaban en la taquilla, por lo tanto, ¿dónde están?—. La vena verde que pasaba por el lado izquierdo de su frente palpitaba cada vez más. Parecía una bomba de relojería a punto de estallar.
—Señora, venga conmigo, le juro que no las he cogido, por favor acompáñeme. Tienen que estar en la taquilla.
Apresuradamente Josefa marchó al cuarto de la limpieza seguida de Encarnación, Antonia y por mí misma. Cuando llegamos allí Josefa abrió la taquilla y allí estaban las llaves.
—¿Alguien me puede decir qué está pasando aquí? —Su indignación crecía por momentos—. La persona o personas que están tras este insólito suceso, ¿realmente piensan que soy estúpida?
—Señora, lo ve, aquí están, como le dije…, nadie las ha cogido.
—¡¡¡¡¡¡Cállate!!!!!! —gritó a Josefa mientras miraba a Antonia—. Antonia, ¿no tienes nada que decirme?
—No, señora—. La seguridad en sus palabras, su mirada firme, no la delataban.
—Josefa, ¿se puede saber qué hace aún aquí?, he dicho que está despedida, no quiero volver a repetírselo—. A mí me dio la sensación que como no podía con mi tata tenía que ejercer su superioridad con la pobre Josefa.
—Señora, por favor, yo solo cumplía órdenes, no puedo perder este trabajo…, tengo una familia que mantener.
—Fuera de mi vista, ¡ya!
—Sí, señora —dijo con resignación mientras se marchaba, no sin antes dedicarle a mi tata una mirada fulminante.
—¿Realmente piensas que soy estúpida, verdad? —preguntó a mi tata, una vez se marchó Josefa.
—No sé a qué se refiere—. Ella seguía sin inmutarse, probablemente yo me hubiese derrumbado.
—¿Quién ha cogido las llaves?, no pienso preguntarlo más veces.
—¿Está insinuando algo señora?
—No, Antonia, estoy afirmando, sé que has sido tú.
—Le repito que no sé de qué está hablando.
El ambiente estaba muy tenso y cortante. No sabía hasta cuándo iba a aguantar el tipo, así que no me quedó más remedio que intervenir.
—Tata, me encuentro bastante mal otra vez, creo que voy a volver a vomitar, ¿me acompañas a mi habitación?, estoy muy mareada —dije con aparente malestar.
—Por supuesto, Lucía, en seguida te acompaño… cuando doña Encarnación nos lo permita, claro está.
—Esto no va a quedar así, llegaré hasta el fondo de este asunto—. Cogió las llaves y se marchó a toda velocidad muy enfadada.
Mi tata había demostrado una gran entereza. Ya sentía una profunda admiración por ella, pero desde aquel día ella, para mí, era toda una heroína.
—Gracias Lucía, pero no hacía falta que te expusieras
tanto, tenía controlada la situación.
—Lo sé, pero es que me estaba aburriendo de tanto esperar, ¡ja, ja! —dije para relajarnos después del nivel de tensión que acabábamos de soportar—. Eres mi heroína. Yo no habría aguantado tanto como tú.
—Muy graciosa. Anda, vámonos, no vaya a ser que vuelva el bicho y nos pegue la rabia.
—¡Ja, ja, ja!, muy ocurrente.
Ambas nos marchamos a toda prisa en dirección a mi habitación. Una vez allí, respiramos aliviadas. Nos miramos y durante unos segundos no dijimos nada. No puede evitar abrazarla en aquel instante y decirle que si ella no hubiera estado en mi vida ya me habría marchado de allí tiempo atrás. Me apretó con fuerza y me dijo al oído que nadie en el mundo podría quererme tanto como me quería ella. Cuando recuperamos el aliento las preguntas obligadas no se hicieron esperar.
—¿Qué había en el libro?, ¿qué abría la llave?, ¿y por qué tanto misterio?
Por supuesto la respuesta tampoco se hizo esperar, a pesar de que no me gustara lo que iba a oír.
—Todo a su tiempo Lucía, ten paciencia.
—Bueno, tata, si de todas maneras me lo vas a decir…
—¡No! —gritó enojada.
Nunca me había gritado, nunca. Comprendí al instante que aquello era importante, tanto como para hacer que mi tata tuviese una reacción inusual en ella.
—Está bien, esperaré —dije algo conmocionada.
—Cariño, siento ser tan tajante en esto, pero ya lo comprenderás. Ten paciencia, mi cielo, no puedo hablar, en esta casa hay demasiados oídos—. Me acarició suavemente la mejilla, con tanta dulzura que me hizo sentir muy bien. Todos los nervios acumulados en los últimos días se habían disipado. Estaba extrañamente relajada. La miré a los ojos. Aún seguía acariciándome, me hablaba, pero llegó el punto en que solo veía sus labios moverse sin entender ni una sola palabra. Todo se volvió borroso. No entendía nada. De repente se apagó la luz.

jueves, 28 de febrero de 2013

CAPITULO 2. "AICUL Y EL REINO DE LA LUZ"


Capítulo 2
Conociéndome a mi misma

Poco a poco iban surgiendo en mí nuevas capacidades, pero me quedaba tanto por aprender.Necesitaba que alguien orientase mis pasos, necesitaba que alguien me instruyese, me ayudase a potenciar lo que de forma innata había en mí y descubrir todo lo que podía llegar a hacer. Y sobre todo, necesitaba que me dieran respuestas: ¿por qué yo?, ¿había alguien más que pudiera hacer lo que yo hacía?, estaba casi segura de que mi padre y tata Antonia sabían más de lo que parecía.
Cuando contaba 15 años mí día a día aún era como el de una adolescente casi normal. Levantarse, ducharse, desayunar, ir al instituto, etcétera, etcétera y más etcétera. Y en ese día a día las únicas personas que me acompañaban eran mi tata Antonia y mi mejor amigo, Jorge, que para mí era como un hermano.
Conocía a Jorge desde siempre. Desde la guardería habíamos estado juntos. Teníamos una relación muy estrecha, muy especial, nos los contábamos todo. Bueno, más bien casi todo, pues me costaba desvelar mi gran secreto, tenía miedo que no lo comprendiera y para mí perderle era un duro golpe que no estaba dispuesta a provocar. Éramos almas gemelas, hasta teníamos un cierto parecido físico. Ambos con los ojos claros, yo azules y él verde agua, el pelo de un color entre castaño claro y rubio ceniza, la piel tostada, complexión normal, más o menos la misma altura, pues Jorge era un poquito más alto que yo. Nos parecíamos tanto que muchas veces la gente nos preguntaba que si éramos hermanos. Para rizar el rizo, cumplíamos los años casi el mismo día pues yo nací el 21 de septiembre de 2002 a las doce menos cinco de la noche y él el 22 de septiembre de 2002 a las doce y cinco de la noche. Siempre bromeábamos sobre aquello y fingíamos que éramos dos hermanos separados al nacer que con el tiempo volvían a encontrarse sin saber que eran hermanos en realidad, como en las novelas románticas antiguas.
Corría el año 2018, aunque no lo pareciese en mi casa. Todo un vertiginoso mundo de avances tecnológicos constantes revolucionaban cada rincón del planeta, pero eso no iba con la vida que llevábamos. Mi casa y mi entorno más cercano parecían estar atrapados en el tiempo, pues los únicos avances con los que contábamos en el viejo caserón de principios del siglo XIX eran la electricidad y el agua corriente. Bueno, también tenía un móvil que mi tata me regaló solo para emergencias a escondidas de mi padre. No sé por qué pero tenía terminantemente prohibido que en la casa hubiese cualquier objeto moderno. Por no haber no había ni televisión, ni ningún tipo de electrodoméstico, a excepción de una vieja aspiradora. Si no llega a ser por el colegio, nunca hubiera sabido cómo era el mundo en el que vivía. Tenía curiosidad, pero no echaba de menos nada. No se puede echar de menos algo que no has tenido nunca.
Para ser más exactos nos encontrábamos en el mes de septiembre, tan solo faltaba una semana para cumplir 16 años. Este hecho para una adolescente normal era toda una experiencia, lo más emocionante, hacerse mayor, dejar de ser una niña. Un día especial para estar rodeada de tu familia y amigos, elegir los más mínimos detalles de tu fiesta: ¿qué me pondré?, ¿a quién invitaré?, ¿dónde lo celebraré?, ¿qué me regalarán?… Qué maravilloso. La verdad es que soñar no cuesta nada, porque eso sí, imaginación no me faltaba. No hay nada como soñar despierto, no hay límites. Pero mi cumpleaños no sería así, de hecho nunca había sido así. Nunca había podido celebrar mi cumpleaños por expreso mandato de mi padre. Pero eso no era impedimento para que mi tata hiciera una pequeña celebración clandestina. En aquellas fiestas había tarta y cuento, pues ella me preparaba a escondidas una rica tarta de chocolate con galletas y me contaba un cuento. Cada año uno distinto, aunque todos ellos hablaban de reinos lejanos, del poder de la magia, de seres extraños, de parajes maravillosos. Era tan bonito escucharla, era como viajar realmente a aquellos lugares. Adoro y recuerdo con cariño cada uno de los momentos que he vivido con ella.
Faltaban pocos días para mi cumpleaños, en una semana tenía una cita con mi tata. Cada año me pasaba una notita bajo el plato del desayuno en la que lo primero que veía era un ¡FELIZ CUMPLEAÑOS! y posteriormente una serie de pistas que me conducirían al lugar donde nos reuniríamos para celebrarlo. Siempre íbamos a un lugar diferente, no había que levantar sospechas. Era muy emocionante seguir las pistas que me llevaban a ella y a un día inolvidable. Jamás me hizo falta que mi padre se acordara de mi cumpleaños, ni que lo celebrase conmigo como un padre normal. Puede que al principio, cuando era más pequeña, me enfadara por su ausencia, pero mi tata y Jorge hacían que todos los días de mi vida y, especialmente en mi cumpleaños, me sintiera especial y querida. 
Una tarde, estaba en casa, eran más o menos las cuatro, tumbada en mi cama, miraba al techo sin nada especial en qué pensar. De repente, oí un ruido en el piso de abajo. El ruido parecía venir del despacho de mi padre.
—Qué raro —pensé.
A esas horas nunca había nadie en el despacho. Las únicas personas que entraban allí eran mi padre, el ama de llaves y la señora de la limpieza, eso sí, nunca a esas horas. ¿Quién estaría allí?, ¿qué estaba ocurriendo allí dentro? La curiosidad me estaba matando.
Me levanté de la cama, miré por la ventana. Afuera las hojas de los árboles comenzaban a caer y amontonarse. La tristeza y la melancolía del otoño se aproximaban poco a poco. Cielos grises, las hojas amarillentas, el ambiente plomizo, la gente que hasta hacía poco bullía por las calles con la alegría de los días de sol y de las noches cálidas a la luz de la luna bañada por miles de estrellas, disfrutando del hermoso paisaje que nos rodeaba, empezaba a escasear. Bosques frondosos rodeaban el pueblo, el sonido ambiental estaba poseído por las olas rompiendo contra un acantilado cercano. El paisaje salvaje tan solo era roto por apenas unos pocos caserones sacados de otro tiempo. Mientras observaba aquel espectáculo natural, olvidé
por un momento lo que me había llamado la atención momentos antes hasta que volví a escuchar ruido en el piso de abajo. La curiosidad volvió. El ruido no cesaba, cada vez era más fuerte pero, ¿quién estaría allí y porqué estaba haciendo tan notoria su presencia?
Siempre había permanecido inmóvil ante lo que me rodeaba, nunca había tomado partido en nada, jamás me había pronunciado sobre nada y creedme: ya estaba hasta el mismísimo gorro. Pero ya no estaba dispuesta a permanecer más en silencio, no pensaba ser más espectadora de sucesos cambiantes y no participar.
Embargada por mis nuevos y revolucionarios pensamientos, salí de mi habitación y comencé a correr escaleras abajo en dirección al despacho de mi padre, con tanta decisión que ni yo misma podía creerlo. Era una mezcla muy rara de valor y miedo a partes iguales, algo poco agradable y nada fiable.
—¿Qué haré cuando llegue? —pensé.
Si me encontraba con él, frente a sus gélidos ojos verdes, su voz grave, su gesto inamovible, ¿qué le iba a decir? Las probabilidades de que me quedara inmóvil, que el miedo me helara la sangre y la voluntad eran demasiado altas. Aunque, por el contrario, tal vez sacara el valor que al fin y al cabo muy en el fondo llevaba dentro, el valor que en otras circunstancias y con otros protagonistas, probablemente, no tendría ningún problema en mostrar, ¿por qué le tenía tanto miedo?
En aquel instante la ansiedad nublaba la mente y los sentidos. En mí concurrían una serie de sentimientos y emociones encontradas. El corazón palpitaba con tanta fuerza que sentí que me iba a desmayar de un momento a otro. Pero no, en ese momento pasó algo, algo que nunca, hasta entonces, me había pasado, algo increíble. Todo a mi alrededor parecía que transcurría a cámara lenta, mis sentidos se agudizaron, el tiempo prácticamente se había parado. Y allí estaba yo, paseándome en el lugar de las horas muertas, todo se había ralentizado. Miré por la ventana del pasillo y pude comprobar cómo un pájaro movía lentamente las alas, se sostenía suspendido en el aire sin apenas moverse. Seguí caminando hacia el despacho de mi padre observando la lentitud con la que todo se movía. En mi camino, me encontré con la señora de la limpieza pasando la vieja aspiradora. Me puse frente a ella, parecía no verme. El sonido de la aspiradora sonaba como el eco de su propio sonido rebotando en las paredes de una cueva, de forma continua y monótona. Pasé sin más frente a ella en dirección a mi objetivo.
Pronto llegué a mi destino. Lo hice en el momento apropiado, justo en el instante en el que mi padre salía del despacho, parecía una estatua de frío mármol. La puerta estaba totalmente abierta, me invitaba a entrar. Todo un mundo de incógnitas se agolpaban en mi mente y todas las posibles respuestas se encontraban tras esa puerta. Dudé brevemente si seguir o no adelante en mi propósito. A pesar de permanecer inmóvil no tenía la total certeza de que no sintiera mi presencia. Podría ser consciente de que estaba frente a él y cuando aquel estado situado fuera del tiempo acabase, ¿qué pasaría? Pronto despejé cualquier sombra de duda de mi cabeza, me prometí a mí misma no volver a tener miedo y buscar la verdad por encima de todo. Esquivé a mi padre. Tras él había una estancia muy amplia donde la luz inundaba cada rincón. Grandes ventanales aderezados por tupidas cortinas color granate, que permanecían plegadas, daban a la estancia la sensación de estar flotando en el cielo. Desde los ventanales, que daban a la parte delantera de la casa, se podía ver un hermoso paisaje lleno de vegetación. En el horizonte, una fina y luminosa línea azul. Era el mar besando al cielo en un puro acto de amor, esa imagen evocaba tranquilidad y bienestar. Me sentí tan bien, tan relajada que mi corazón desbocado encontró la paz que necesitaba y, sin poder controlar lo que en mí pasaba, el tiempo volvió a ser lo que era. La puerta se cerró tras de mí dejándome claro que todo había vuelto a la normalidad. Oí el sonido de la llave dar dos vueltas en la cerradura, mi padre me había dejado encerrada allí dentro.
—¿Cómo saldré de aquí? —pensé algo alterada. Pero unos segundos después me dije a mí misma, —busca a toda prisa algo que te ayude a contestar tus preguntas y luego ya veremos.
Miré a mi alrededor. A ambos lados de la habitación había dos estanterías que cubrían la pared entera con cientos de libros ordenados alfabéticamente. Justo al frente, y entre dos pilares de estilo jónico, una enorme chimenea con dos extrañas y pequeñas gárgolas situadas una a cada lado de la misma. No sabría decir de qué tipo de animal eran, no había visto nada parecido en mi vida, ni siquiera en las ilustraciones de las novelas de terror más tétricas. Sobre la chimenea un enorme cuadro tapado con un telar de terciopelo granate. Me acerqué al cuadro y, sin dudarlo ni un segundo, alargue la mano para quitar aquel pesado telar. Al caer al suelo ahí estaba ella, una mujer bellísima de ojos azules junto a un apuesto muchacho. Lo que más me llamó la atención fue su potente y, al mismo tiempo, cálida mirada, parecía una mujer segura de sí misma con una fuerza que traspasaba el cuadro más allá del espacio y del tiempo. El joven que la acompañaba la miraba con tanto amor, se notaba que estaba abrumado por la presencia de tan imponente mujer. Me acerqué a la inscripción que había bajo el cuadro y en él pude leer “Airam y Leafar”.
—Qué nombres tan poco comunes—, pensé.
Me quedé mirando a aquella mujer unos minutos. No me hizo falta mucho tiempo para pensar en lo que para mí era más que evidente: aquella mujer era mi madre, sin ninguna duda. Cualquiera podría decir que aquello era una mezcla de falta de cariño y una increíble necesidad de ver a mi madre, pero es que, o yo lo quería ver así, o ella y yo guardábamos un increíble parecido. Para mí ella era mi madre, mi madre. Las palabras resonaban en mi mente y en mi corazón de tal forma que la emoción recorrió cada milímetro de mi cuerpo dándome un profundo escalofrío. En ese momento lo supe, era ella, pero, ¿quién era el muchacho que la acompañaba? El lenguaje corporal me decía que ambos parecían estar muy enamorados, pero había una cosa en la que no dudé, ese muchacho no era mi padre. ¿Quién sería él y qué hacía junto a mi madre? No creo que mi padre tuviese con agrado un retrato de mi madre con alguien en actitud cariñosa que no fuese él.
Después de quedarme algunos minutos observando embelesada aquel cuadro y cada uno de sus detalles, volví a tener algo de sentido común y comencé a registrar el despacho en busca de respuestas antes de que mi padre volviese, asunto que en ese momento aún no sabía cómo iba a afrontar. 
Empecé a buscar en un enorme escritorio de estilo victoriano que estaba frente a uno de los grandes ventanales, que prácticamente rodeaban la habitación. Era de un bonito color caoba envejecido por el tiempo, tenía muchos compartimentos y cajones.
Los abrí uno a uno registrando su interior con mucho cuidado de dejar todo tal y como me lo había encontrado, mi padre era un loco maniático que era incapaz de ver nada fuera de su sitio. Tan solo encontré material de oficina, es decir, nada interesante. Cajón tras cajón los minutos pasaban y no había encontrado nada que arrojase luz sobre las sombras que envolvían mi vida. Empezaba a estar muy enfadada, no había nada sospechoso en la estantería de libros, ni tras los cuadros… ¿Eso era todo?, entonces, ¿por qué tanto secreto?, ¿por qué cerrar aquella habitación con llave si no había nada importante que llevarse? Estaba indignada, tenía ganas de gritar. Cegada por la rabia le di una patada al “puñetero” escritorio.
—¡Ahhhh! —chillé.
Sentí tanto dolor que parecía que le hubiese dado a un bloque de mármol. Mientras cojeaba dando saltitos de un lado para otro, quejándome por el intenso dolor y pensando en lo estúpida que había sido, oí un ruido que venía del interior del escritorio, era como si tras la patada algo se hubiese abierto bajo aquel armatoste. Me arrodillé y metí la cabeza bajo el escritorio. Un compartimento secreto se había abierto, lo terminé de abrir y vi que en su interior había un libro muy antiguo, que parecía estar hecho de algún tipo de piel, no sabría decir de qué animal, y junto al libro una llave de latón con restos de haber sido de un tono dorado. Los cogí con mucho cuidado y los puse sobre el escritorio. Estaba nerviosa y emocionada a partes iguales. El libro parecía tener cientos de años, la cubierta estaba forrada en piel color marrón oscuro, con bordes dorados y tenía dos letras mayúsculas grabadas en la cubierta, AO, rodeadas por un círculo de flores extrañas, flores que no reconocía entre las más comunes. Era una maravilla, fascinaba incluso sin haberlo abierto aún. Antes de decidirme a abrir el libro miré la llave de latón con restos de un viejo baño dorado. Por lo que yo sabía, ninguna de las cerraduras de la casa eran para llaves de ese tipo.
La casa era antigua, pero las puertas, como muchos elementos de la casa, fueron repuestas en diversas reformas. ¿De dónde sería? Una vez observé la llave repasé mentalmente posibles cerraduras que podría abrir, después de no llegar a ninguna conclusión, la metí en el bolsillo del pantalón volviendo a fijar mi atención en el libro. Extendí la mano para abrirlo. Estaba tan nerviosa. En él seguramente encontraría lo que andaba buscando: saber por fin quién era mi padre, quién era mi madre y en definitiva quién era yo misma…, pero no pudo ser, por lo menos en aquel momento, pues la puerta del despacho estaba a punto de ser abierta.


—¡¿Y ahora cómo salgo de esta?! —pensé muy sobresaltada—. Si pudiera volver a detener el tiempo —me dije a mí misma.
Cogí el libro, cerré el compartimento bajo el escritorio y rápidamente me escondí tras las tupidas y opacas cortinas de terciopelo granate que colgaban a los extremos de los enormes ventanales. Una decisión precipitada y tal vez demasiado estúpida, no había dónde esconderse y fue lo primero en lo que pensé, estaba segura de que me pillaría nada más entrar.
Nuevamente el corazón galopaba alocadamente, la puerta se estaba abriendo.
—¡Me va a pillar, me va a matar! —grité en mi mente.
No podía respirar, la tensión, la presión era demasiada, cerré los ojos con fuerza, la respiración entrecortada, el corazón latía a toda prisa, pum, pum, pum, pum. Apreté el libro contra mi pecho y pensé, —ojalá nunca me hubiese movido de mi habitación…, ojalá estuviese a salvo…—. A continuación..., el silencio. Dejé de oír cómo se abría la puerta. 
—¿Se habrá marchado? —me dije a mí misma con los ojos aún cerrados y con el libro aferrado a mi pecho.
Pasaron unos segundos. El silencio era abrumador. Cuando por fin me atreví a abrir los ojos no podía creerlo.
Pero…, ¿cómo...? De pie, en medio de mi habitación con el libro aferrado a mi pecho y la llave metida en el bolsillo de mi pantalón, me encontraba con la mirada perdida y sin saber qué hacer. Me senté en la cama, incrédula y algo mareada por el viajecito. Mis poderes iban más allá de lo que imaginaba, crecían a pasos agigantados. Me vi desbordada. Necesitaba que alguien me ayudase a controlar y comprender lo que me estaba pasando…, y la pregunta no se hizo esperar... ¿Hasta dónde podría llegar? A pesar del poderoso don que tenía entre mis manos me sentía frágil y sola.
Ya no aguantaba más, la situación se me escapaba de las manos. Se lo tenía que contar a mi tata, ella era la única que podía ayudarme.
Cuando me recuperé del shock, separé el libro de mi pecho, lo puse sobre la cama.
—¿A qué estás esperando, ábrelo?—. Aquellas palabras flotaron en mi mente y sin más lo abrí.
La primera página era preciosa, estaba enmarcada por un marco del mismo tipo de flores que había en la portada. Estas flores serpenteaban entre una especie de enredadera que emulaba el movimiento hipnotizador de una cobra bailando al son de la música de un encantador de serpientes. En el centro, escritas a mano, con una excelente caligrafía, en un idioma que no conocía, pero que en el fondo me resultaban familiares, palabras que eran tan contundentes como mágicas: “ZUL AL ED SAZREUF SAL”
¿Qué dirían aquellas palabras?
Fui avanzando página tras página y todas ellas estaban repletas de palabras que no entendía, de dibujos, de seres imposibles y de extraños sortilegios, pócimas y rituales mágicos. Sin duda alguna era un libro de magia.
Mi padre era como yo. Supongo que era de esperar, las cosas no surgen de la nada así como así. Mi padre, y supuse que una larga estirpe de seres poderosos, eran mis antecesores.
Rápidamente la idea de que precisamente él contara con poderes, al igual que yo, más que alegría me daba miedo, escalofríos. ¿Cómo podría enfrentarme a un ser con el alma negra y que contaba con, seguramente, más poderes que yo y con más control de ellos? Si hasta ese momento le tenía pánico, en adelante sería una auténtica fobia. Un profundo suspiro salió de mis labios, tenía que devolver lo más inmediatamente posible el
libro y la llave. Pero no estaba segura de que pudiera volver a conseguirlo. Teniendo en cuenta que el hecho de conseguirlo había sido más por suerte que por el control que tenía de la situación, no las tenía todas conmigo.
Sentí la necesidad de salir corriendo y no mirar atrás.Volví a respirar hondo. Tenía que buscar a mi tata, ella me ayudaría.
Escondí el libro y la llave bajo las mantas que había en un viejo baúl situado a los pies de mi cama. Salí de la habitación cerrando la puerta tras de mí y me dirigí al jardín, allí seguramente la encontraría, era una fanática de las rosas, le encantaba mimarlas. Ella misma las había plantado en el jardín que había tras la casa, era extraordinario, era capaz de hacer florecer hasta el rosal en peor estado.
Corrí escaleras abajo, pasé por varias estancias hasta llegar a la cocina, una vez allí salí al jardín directamente. Tal y como esperaba, mi tata permanecía ocupada practicando su quehacer favorito. Me acerqué con la ansiedad de sentirme segura. Puse mi mano sobre su hombro, se dio la vuelta, la miré a los ojos, no salía palabra alguna de mis labios, era demasiado para mí.
Tenía la cara y las manos manchadas de tierra. Mi tata era una señora bajita y algo rellenita, de pelo cano y sonrisa amplia. Tenía los ojos azules y su piel era fina y blanca como la más delicada porcelana china. Sus manos, siempre suaves, eran capaces de todo, era bastante mañosa. Me miró dulcemente y me dijo:
—¿Tienes algo que contarme, hija? —me dijo al verme
tan preocupada.
—Sí.
Al fin podría decírselo todo, no había nadie mejor en el mundo a quien confiarle mi gran secreto. Me sentía tan aliviada por poder liberarme de aquel peso que llevaba tanto tiempo asfixiándome. La tenía frente a mí, dispuesta a escucharme y no podía pronunciar palabra alguna.
—Bueno, cariño, empieza, no será para tanto.
—He entrado en el despacho de mi padre —dije después de tragar saliva. Pensé en no dar rodeos, cuanto antes mejor.
—¡¡¡¡¡¿Qué?!!!!! —contestó sobresaltada.
—No te enfades, tenía que hacerlo, es que…
—¡Es que nada!, ¿te has vuelto loca?, ¿cómo es posible que no me haya dado cuenta? Jamás hubiera pensado que te atreverías a semejante temeridad.
—Tata, tranquila. No me ha visto nadie.
—Como tu padre se entere no puedes ni llegar a imaginar qué puede llegar a hacer.
—No lo sabe, pero puede que no tarde en darse cuenta.
—¡¿Se puede saber qué has hecho?!
—He cogido unas cosillas.
—No me lo puedo creer. ¿Qué has cogido?
—Un libro y una llave que había en un compartimento secreto situado en la parte inferior del escritorio de su despacho.
—¡Sé más específica por favor!
—Un libro muy antiguo con palabras que no entiendo y una llave de latón con restos dorados.
—Te juro que a mí me va a dar algo —afirmó mientras se sentaba en una enorme roca que había junto a los rosales—. ¿Tú sabes lo que has hecho? No puedes ni llegar a imaginar lo que puede ocurrir si tu padre se entera de que tienes ese libro.
—Pues, evidentemente, no. No tengo ni idea de lo que está pasando, si estuviera mejor informada, lo más probable, es que no hubiera ido a curiosear.
—¿Encima te pones chula?— la paciencia se le agotaba por momentos.
—No, pero no sé a qué viene la gravedad del asunto. ¿Qué son exactamente ese libro y la llave? Si no me lo explicas no lo entiendo. Para mí, teniendo en cuenta lo que sé, como mucho me pueden echar la bronca por registrar el despacho y coger algo que no es mío. Pero por lo que tú dices es como si hubiese algo más importante que desconozco —le dije para obligarla a hablar de lo que ambas estábamos pensando.
—Hay que devolver lo que has cogido.
—Esto quiere decir que no me vas a explicar nada, ¿verdad?
—Aún no.
—No estoy de acuerdo con lo que estás haciendo, pero tendré que hacer lo que me digas, no me queda más remedio. ¿Y cómo lo hacemos?— mis palabras sonaban a un auténtico chantaje emocional, el problema es que mi tata no se dejaba engañar fácilmente.
—¿Cómo que no sabes cómo hacerlo?, pues de la misma manera que lo conseguiste. Por cierto, ¿cómo lo has conseguido? —me preguntó con un demoledor tono de ironía.
—Si yo te contara...
—Lucía, deja de marearme y ve al grano, no está el horno para bollos.
—No te lo vas a creer.
—Te sorprenderías de lo que puedo llegar a creer.
—¿Cómo?— ambas estábamos rondando el mismo tema y ninguna daba el primer paso.
—¿Me lo vas a contar hoy o mañana? Venga hija mía, cuando termines de decírmelo no tendremos tiempo ni de reaccionar, tu padre nos cazará antes.
—Bueno, allá voy…, tengo poderes. ¡Uf!, que mal suena esto, suena a que estoy loca.
—Tienes poderes.
—Sí.
—¿Desde cuándo?
—¿Desde cuándo?— decididamente no era la pregunta que esperaba oír.
—No puedo sorprenderme por algo que en ti es y será tan natural como respirar. Algo que te pertenece desde antes de nacer. Eres la heredera de un poder inimaginable. Por lo pronto tan solo puedo decir que en unos días todo cambiará. El día anterior a tu cumpleaños lo sabrás todo, hasta entonces tenemos que pasar desapercibidas. No debemos hacernos notar y sobretodo hay que volver a poner el libro y la llave en su sitio, no queremos que nada se estropee.
—Te juro que no entiendo nada, no solo no te sorprendes de lo que estoy hablando, más bien todo lo contrario. Parece ser que sabes más de lo que pensaba y no puedes ni llegar a imaginar cuánto me alegro porque yo tengo tantas preguntas que hacerte...
—No te aceleres, Lucía, todo llegará a su tiempo, la paciencia es una virtud.
—Es que…
—Paciencia, hija. Siempre estaré a tu lado y te prometo que responderé a todas tus preguntas en cuanto me sea posible. Pero ahora centrémonos. ¿Cómo conseguiste el libro y la llave?
—Bueno, a ver por donde empiezo… Estaba en mi habitación, escuché un ruido en el despacho de mi padre y fui a ver qué pasaba y a buscar las repuestas a las cientos de preguntas que me rondan la cabeza y no me dejan vivir. Por el camino estaba tan nerviosa que no sé cómo pero ralenticé el tiempo y tuve la suerte de que mi padre estuviera saliendo del despacho en ese mismo momento. Al quedarse prácticamente paralizado y con la puerta totalmente abierta, me colé dentro. Tras registrar la habitación me encontré el libro y la llave en un compartimento secreto que hay en el escritorio que se abrió casualmente al darle una patada al escritorio.
—¿Por qué le diste una patada al escritorio?
—Porque había estado buscando por toda la habitación sin encontrar absolutamente nada y me enfadé tanto por haber provocado esa situación para no obtener ningún resultado que la ira contenida la descargué dándole una patada al escritorio. Fue tremendamente doloroso.
—Tus poderes van creciendo poco a poco, ¿verdad? Por cierto, ¿cómo saliste de allí?
—Alguien estaba a punto de entrar, supongo que mi padre o el ama de llaves, ya que nadie más tiene las llaves del despacho. Deseé estar en mi habitación y sin más ocurrió.
—Entiendo. Aún es demasiado pronto, todavía no controlas los poderes, simplemente actúas por impulsos. No te preocupes, no tardarás en hacerte con ellos.
—Entonces, ¿cómo lo haremos? No nos podemos fiar de mis poderes. Seguramente no actúen cuando nos hagan falta realmente.
—Déjame pensar. Es cierto que no podemos utilizar tus poderes por el momento, puede salirnos el tiro por la culata. Se me ocurre que podríamos hacernos con las llaves del despacho y entrar cuando nadie nos vea.
—Pero, los únicos que tienen esas llaves son mi padre y el ama de llaves y no creo que quitárselas a mi padre sea tarea fácil.
—Nuestro objetivo es engañar al ama de llaves. Será mejor esta opción que fiarnos de tus inestables poderes.
—Pues no sé qué es más difícil controlar mis poderes o quitarle las llaves al Can Cerbero.
—Nunca mejor dicho…
—¿¿Qué??
—No, nada, no me hagas caso.
—Por cierto, ¿cómo lo vamos a hacer? Yo jamás he visto a esa mujer sin sus amadas llaves. Yo creo que son una extensión de su propio cuerpo —dije con cierta ironía.
—Solo hay un momento en el día en el que no las lleva encima...
—¿Cuando está durmiendo?
—No, creo que hasta durmiendo las tiene cerca.
—¿Entonces cuándo?
—Cuando se ducha. Todas las mañanas a las 7:00 en punto como un reloj procede a su aseo diario. Lo sé porque, como ya sabes, mi habitación y la suya están contiguas la una a la otra y en las habitaciones del servicio las paredes y el papel se llevan poco. Con decirte que la oigo roncar como un perro todas la noches…
—Sigo sin saber cómo lo haremos. Con lo bruja que es seguro que se las mete en el baño con ella.
—No te preocupes, no va a hacer falta que nos metamos en la ducha con ella. No creo que sea nada agradable. Vamos, piensa un poco. ¿Quién va al despacho de tu padre a las 7:00 en punto de la mañana?
—No lo sé, yo a esas horas aún estoy durmiendo.
—¡Hija, parece que no vives aquí!, bueno da igual. Es la señora de la limpieza.
—¿Tiene copia de las llaves?
—No, son las del ama de llaves. Presta atención. Ella, justo antes de su aseo diario, exactamente a las 6:55, deja las llaves en la taquilla de la señora de la limpieza. Esta no es tan meticulosa como el ama de llaves y no las coge enseguida, prepara sus utensilios de limpieza, coge las llaves y va al despacho, que es lo primero que limpia cada día. El ama de llaves se asea más bien rápido, yo creo que porque echa de menos su tesoro, y antes de que la señora de la limpieza termine de limpiar el despacho ella ya está allí para supervisarlo todo y recuperar lo que es suyo. Nosotras entraremos en acción en el mismo momento en el que las llaves estén en la taquilla de la señora de la limpieza. Mientras yo entretengo a la señora de la limpieza tú las cogerás. Una vez las tengas en tu poder, entrarás en el despacho, dejarás el libro y la llave en su sitio volviendo a la
taquilla para dejar las llaves nuevamente antes de que nadie se dé cuenta. ¿Qué te parece?
—Arriesgado, muy arriesgado. Tengo serias dudas de que tu plan salga bien, yo creo que deberíamos pensar otra cosa.
—¿Quién ha dicho que la vida fuera fácil? Además, no nos quedan más opciones.
—Por cierto, ¿cómo vas a entretener a la señora de la limpieza? No será tan meticulosa como el ama de llaves, pero yo creo que tienen la misma mala leche.
—Haremos lo siguiente: le diré que estás enferma y que has vomitado en la alfombra persa favorita de tu padre que hay en el salón principal. Para ello fabricaremos un vómito falso que echaremos en la alfombra. No tendrá más remedio que acudir allí antes que al despacho y, una vez ambas estemos en el salón principal, tú coges la llaves, y el resto ya lo sabes.
Estuvimos hablando toda la tarde, organizando aquel descabellado plan pasaron las horas. Me fui a dormir con la sensación de que algo saldría mal.